Pendiente de Plata con Luna y Perla Cultivada con gancho.
Hay algo especialmente hermoso en la historia de las perlas. El hombre puede seleccionar la ostra, introducir el tejido, colocar el núcleo, controlar el agua, esperar el tiempo necesario y finalmente recoger la cosecha. Pero no puede fabricar el nácar.
Es el molusco quien hace el trabajo. Capa sobre capa. Día tras día. Mes tras mes.
Y quizá por eso una perla cultivada conserva algo profundamente natural.
El ser humano puede iniciar el proceso, pero la belleza final continúa siendo obra del animal.
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