Pendiente de Amatista en Gota con gancho de Plata.
Este es el Capitulo donde habla la Amatista en el libro La Voz de los Minerales.
YO LA AMATISTA
Yo soy la Amatista.
Mi compañero, el Citrino, es amable y luminoso…
pero mi carácter va más allá de la salud y la belleza.
Yo nací como una cavidad, una “bomba” de cuarzo, atrapada en un manto de granito, feldespatos y micas.
Mi origen, como el de toda mi familia, se remonta a millones de años atrás, cuando vuestra Tierra aún era magma líquido, vivo, en constante transformación.
Con el paso del tiempo, ese magma se enfrió, se solidificó…
y los movimientos de la Tierra fueron creando capas, mantos con identidad propia.
Por eso, cuando los humanos nos buscan, saben que deben encontrarnos en lugares concretos, en alturas determinadas, donde la historia geológica nos dejó guardados.
Excavan montañas.
Abren galerías.
Trabajan con esfuerzo para liberarnos de nuestra prisión de granito.
Y cuando lo consiguen… lo celebran.
Podemos ser pequeños, de apenas unos kilos, o grandes como un tesoro escondido durante siglos.
Pero lo que realmente importa no es nuestro tamaño…
es lo que ocurre en nuestro interior.
Si en algún momento, a través de una grieta, de una veta, entraron fluidos ricos en minerales —calcio, albita u otros elementos—, entonces sucede el milagro:
En mi interior nacen cristales.
Lentos.
Perfectos.
Formados durante millones de años.
Cuando los humanos me encuentran y abren mi cuerpo para mostrar mi interior, me llaman capilla,
porque dicen que parezco un lugar sagrado.
Cuando estoy fragmentada en piezas más pequeñas, me llaman druza,
y me colocan en sus hogares, en espacios elegidos, donde sienten que debo estar.
Y tienen razón.
Cuando me tengas contigo, haz lo mismo que con cualquiera de mi familia:
siénteme.
No necesitas entenderme.
Solo estar.
Mantenme cerca, y yo compartiré contigo mi energía:
equilibrio, calma, claridad.
Haré que tu camino sea un poco más llevadero,
que tus pensamientos se ordenen,
que tu interior respire.
Algunos de vosotros decís que somos como ángeles en la Tierra,
seres silenciosos que acompañan al ser humano.
Y debo decirte algo…
Esa idea nos llena de orgullo.
Porque, en el fondo, refleja exactamente nuestra misión.
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